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sábado, 3 de septiembre de 2011

La Fugitiva de Sergio Ramírez

Asistí al Centro Cultural Mexicano, el día que se presentó el libro en San José, Costa Rica. Numeroso público colmó aquellas estancias, cierta incomodidad me hizo retirarme pronto. Hasta dos meses después fue que adquirir el libro en Libro de San Pedro de Montes de Oca y adquirir este libro, que no se crea, no es tan caro, sólo que para el modesto salario de vigilante, puede ser algo significativo. Sin duda alguna, Sergio Ramírez, abogado y oficioso escritor, presenta una novela cuyo mayor mérito es la temática seleccionada. Muchos años vivió Ramírez en Costa Rica, donde escuchó y conoció del personaje que inspiró este libro y el cual, he de confesar, terminé por devorar con ansía quijotesca. La exploración que hace Ramírez sobre la vida y obra de Yolanda Oreamuno, sobre cuya base perfila el escritor a su personaje central, Amanda Solano. Recrea Ramírez su investigación en la narración de tres informantes claves, mujeres todas, y en cuyos perfiles a los costarricenses no nos es difícil identificar de quienes se trata. La vida de Yolanda Oreamuno marcada por el sino de la rebeldía y la estigmatización, la exclusión y el olvido, la tristeza y la genialidad, resulta una veta inagotable para un escritor de tanto oficio como Ramírez. Así, la negación y la exclusión de la gran persona que fue Yolanda Oreamuno trasciende su muerte, una voz que se levanta desde lo más profundo de nuestra tierra señalándo a los costarricenses nuestra propia ignorancia, y todo el desprecio del que fue objeto en vida esta talentosa escritora de quien solamente se conservan algunos pocos relatos, otro tanto en artículos, y un sólo libro: La Ruta de su Evasión, suficiente para entender la capacidad creadora de esta autora, fallecida a los cuarenta años en México, donde fue enterrada en una fosa cuya única señal fue una placa numerada en una fosa cedida de caridad, debiendo esperar más de un lustro hasta que un grupo de sus compañeras del Colegio de Señoritas, incluyendo a la esposa del entonces presidente de la República, logran que se repatrien sus restos para darle sepultura en el Cementerio General de San José, lugar que escoge el autor para dar inicio a su novela, esbozando un personaje ya de por sí fascinante y sobre el cual el mismo autor asegura haber investigado a lo largo de más de tres décadas. Vierte Ramírez todo el dolor y las vivencias tan azarosas de una defensora de su libertad, de una mujer de vanguardia y el dolor de toda su soledad e incomprensión en un contexto que en muchos aspectos la atrapa a ella también. Nos lanza Ramírez en el rostro una vez más cómo los costarricenses adoramos ciertos personajes que sin dilación prontamente juzgamos y enviamos al patíbulo. La incapacidad de aceptar y vivir con la diferencia, con lo diferente y aceptar a su vez lo sobresaliente sin devaluarlo o descalificarlo. Del texto de Ramírez, sin duda alguna excelente, extraigo un par de citas sonsacadas de cartas escritas por el personaje, que sin duda alguna, revelan las aristas ásperas de los últimos años de su vida.



"Nunca durante los meses que en Washington estuve agonizando, ni cuando me compraron el ataúd, ni cuando me dieron dos veces los santos óleos, ni cuando me deshauciaron una y otra vez, tuve la sensación de muerte terrible que sufro a veces yo sola frente a cosas que no son la muerte"


"...yo he sentido la muerte muchas veces (no en el hospital) tampoco en los peligros. La he sentido en mis angustias inexplicables, en la sensación de asfixia y desenfoque visual que a veces me domina, en el dolor de la soledad, en el espanto del silencio, en la obscuridad..."


Desfilan por las páginas de esta novela la crema y nata de la sociedad costarricense de la primera mitad del siglo veinte, intelectuales y políticos como García Monge, Manuel Mora, Monseñor Sanabria, Ricardo Moreno Cañas, Calderón Guardia, Los Tinoco, José Figueres, y el espíritu de ebullición rebelde que se derramaba sobre la juventud de entonces en una Costa Rica patrialcal hasta el tuétano, en todas sus instancias políticas, jurídicas y morales, y, de esta Costa Rica, precisamente, de este tiempo es hija Yolanda Oreamuno, que sin embargo, se mantiene fiel a sí misma a lo largo de su vida, con sus consistencias, contradicciones y la herencia inconsciente y casi arquetípica de la sociedad de aquellos días.




El grupo de alumnas del Colegio de Señoritas que compartía un cúmulo de ideas de rebeldía, alentadas por madame De Mezzerville, no se manutvo igual cuando salimos de las aulas. Quinceañeras que a semejante edad veían con ardor el mundo, simpatizantes de los Rosacruces, del Partido Progresista del general Volio, del Partido Comunista, de las huelgas de los trabajadores bananeros, del movimiento antifacista, de la República Española, y, ya a aquella edad, rebeldes a las convenciones sociales que eran mantenidas como ley sagrada en sus hogares; pero todo visto desde el primsa del patio de recreos de un colegio respetable de señoritas hijas de familia, que se benefician de la instrucción pública gratuita. Luego fueron acomodándose a los frenos impuestos por su procedencia burguesa, a sus restricciones de clase, modos y costumbres a los que se moldaron. No romperían nunca su cordón umbilical, como lo hicieron Amanda y Edith riéndose con bonhomía de esas convenciones, zahiriendo a quienes las practicaban, y renunciando a ellas en sus propias vidas, hasta captarse el ostracismo y la vindicta. A las demás las ganó oel egoísmo propio de su clase, y las ganó el acomodo.
Quienes hemos conocido a cerca de la vida de Yolanda Oreamuno, sabemos a ciencia cierta su tránsito por ese su calvario muy personal, el cual nunca deja de sorporender, pues cómo la más bella y delicada hija de esta tierra ha debido atravesar tan áspero trecho hasta el fin de sus días. Hermosa como pocas, un ángel de luz (la Docta Simpatía) que no pudo ser decodificado por una sociedad que sigue siendo aldeana y conservadora. Para mi, no me cabe duda alguna, logra Ramírez una historia conmovedora, que nos traslada a la primera mitad del siglo veinte, a esa Costa Rica convulsa, progresista y con ínfulas de crecimiento y desarrollo, que a la postre se malogra deviniendo en la violenta, frívola, insensible, aparencial y excluyente que nos presenta el siglo XXI. Como el personaje en que es inspirada la novela me fascina desde hace más de dos décadas, no logro articular una buena crítica, tan sólo pienso que es un buen libro, un muy buen libro, aunque pareciera que prácticamente el autor haya transcrito tres entrevistas y hecho apenas, algunas correcciones. Leánlo por favor.

sábado, 27 de marzo de 2010

Delmira Agustini -Tres Poemas-

Una luz que se apagó a los 27 años.   Nace en Uruguay el 24 de octubre de 1887.  Su padre fue Santiago Agustini y su madre María Murtfeld Triaca.  Fue una niña bastante precoz pues además de componer versos desde que tenía 10 años, estudió francés, música y pintura.  Colaboró en la revista La Alborada, también en Apolo del poeta Manuel Pérez y Curis. Formó parte de la Generación de 1900, junto a Julio Herrera y Reissig, Leopoldo Lugones y Rubén Darío, del que se proclamaba su pupila. Darío llegó a compararla con Santa Teresa, diciendo de ella que era la única, desde la santa, en expresarse como mujer.  Sus temas se centraron en la sexualidad femenina en un momento histórico en que debido al dominio masculino en la mayoría de los quehaceres artísticos, culturales y sociales, se acallaba. Podría ubicarse su obra, en cuanto estilo, temática y expresividad en la primera época del modernismo, pues aborda situaciones como la fantasía  tópicos que bien podrían tildarse de exóticos. Eros es la inspiración para los poemas de Agustini sobre los placeres del cuerpo. Eros es el protagonista en muchos de sus poemas y obras literarias. Los cálices vacíos (1913) fue su última publicación en vida, y está centrado precisamente en temáticas concernientes al dios del Amor, para con ello entrar de lleno a la corriente vanguardista.  Se casó con Enrique Job Reyes el 14 de agosto de 1913, abandonándolo un mes y medio después, para finalmente divorciarse el 5 de junio de 1914.  El 6 de julio de ese año muere asesinada por su ex-esposo, quien luego se quita la vida.  Una invitación para conocer más acerca de la obra de esta poetisa latinoamericana que marca un hito indudable en la dinámica expresiva de la sexualidad y percepción femenina.

LA CITA
En tu alcoba techada de ensueños, haz derroche
De flores y de luces de espíritu; mi alma,
Calzada de silencio y vestida de calma,
Irá a ti por la senda más negra de esta noche.

Apaga las bujías para ver cosas bellas;
Cierra todas las puertas para entrar la Ilusión;
Arranca del Misterio un manojo de estrellas
Y enflora como un vaso triunfal tu corazón.

¡Y esperarás sonriendo, y esperarás llorando!...
Cuando llegue mi alma, tal vez reces pensando
Que el cielo dulcemente se derrama en tu pecho...

Para el amor divino ten un diván de calma,
O con el lirio místico que es su arma, mi alma
Apagará una a una las rosas de tu lecho!
El Rosario de Eros

BOCA A BOCA
Copa de vida donde quiero y sueño
Beber la muerte con fruición sombría,
Surco de fuego donde logra Ensueño
Fuertes semillas de melancolía.
Boca que besas a distancia y llamas
En silencio, pastilla de locura
Color de sed y húmeda de llamas...
¡Verja de abismos es tu dentadura!
Sexo de un alma triste de gloriosa;
El placer unges de dolor; tu beso,
Puñal de fuego en vaina de embeleso,
Me come en sueños como un cáncer rosa...
Joya de sangre y luna, vaso pleno
De rosas de silencio y de armonía,
Nectario de su miel y su veneno,
Vampiro vuelto mariposa al día.
Tijera ardiente de glaciales lirios,
Panal de besos, ánfora viviente
Donde brindan delicias y delirios
Fresas de aurora en vino de Poniente...
Estuche de encendidos terciopelos
En que su voz es fúlgida presea,
Alas del verbo amenazando vuelos,
Cáliz en donde el corazón flamea.
Pico rojo del buitre del deseo
Que hubiste sangre y alma entre mi boca,
De tu largo y sonante picoteo
Brotó una llaga como flor de roca.
Inaccesible... Si otra vez mi vida
Cruzas, dando a la tierra removida
Siembra de oro tu verbo fecundo,
Tú curarás la misteriosa herida:
Lirio de muerte, cóndor de vida,
¡Flor de tu beso que perfuma al mundo!
El Rosario de Eros

AMOR
Lo soñé impetuoso, formidable y ardiente;
hablaba el impreciso lenguaje del torrente;
era un mar desbordado de locura y de fuego,
rodando por la vida como un eterno riego.
---0---

Luego soñélo triste, como un gran sol poniente
que dobla ante la noche la cabeza de fuego;
después rió, y en su boca tan tierna como un ruego,
soñaba sus cristales el alma de la fuente.
---0---

Y hoy sueño que es vibrante y suave y riente y triste,
que todas las tinieblas y todo el iris viste,
que, frágil como un ídolo y eterno como Dios,
---0---
sobre la vida toda su majestad levanta:
y el beso cae ardiendo a perfumar su planta
en una flor de fuego deshojada por dos....

 Más poemas

lunes, 28 de diciembre de 2009

Besos -Gabriela Mistral-

Lucila Godoy, llamada Gabriela Mistral , escritora chilena. Hija de un maestro rural, que abandonó el hogar a los tres años del nacimiento de Gabriela, la muchacha tuvo una niñez difícil en uno de los parajes más desolados de Chile. A los 15 años publicó sus primeros versos en la prensa local, y empezó a estudiar para maestra. En 1906 se enamoró de un modesto empleado de ferrocarriles, Romelio Ureta, que, por causas desconocidas, se suicidó al poco tiempo; de la enorme impresión que le causó aquella pérdida surgieron sus primeros versos importantes. En 1910 obtuvo el título de maestra en Santiago, y cuatro años después se produjo su consagración poética en los juegos florales de la capital de Chile; los versos ganadores- Los sonetos de la muerte- pertenecen a su libro Desolación (1922), que publicaría el instituto de las Españas de Nueva York. En 1925 dejó la enseñanza, y, tras actuar como representante de Chile en el Instituto de cooperación intelectual de la S.D.N., fue cónsul en Nápoles y en Lisboa. Vuelta a su patria colaboró decisivamente en la campaña electoral del Frente popular (1938), que llevó a la presidencia de la república a su amigo de juventud P. Aguirre Cerda. En 1945 recibió el premio Nobel de literatura; viajó por todo el mundo, y en 1951 recogió en su país el premio nacional. En 1953 se le nombra Cónsul de Chile en Nueva York. Participa en la Asamblea de Las Naciones Unidas representando a Chile. En 1954 viene a Chile y se le tributa un homenaje oficial. Regresa a los Estados Unidos. El Gobierno de Chile le acuerda en 1956 una pensión especial por la Ley que se promulga en el mes de noviembre. En1957, después de una larga enfermedad, muere el 10 de enero, en el Hospital General de Hempstead, en Nueva York. Sus restos reciben el homenaje del pueblo chileno, declarándose tres días de duelo oficial. Los funerales constituyen una apoteosis. Se le rinden homenajes en todo el Continente y en la mayoría de los países del mundo.

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
---
Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.
---
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.
---
Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.
---
Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.
---
Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.
---
Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.
---
Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.
---
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
---
Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.
---
¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenaron sé de lágrimas tus ojos.
---
¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.
---
Yo te enseñe a besar: los besos fríos son
de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos
míos inventados por mí, para tu boca.

jueves, 5 de noviembre de 2009

José Angel Buesa y Juana de Ibarbourou












Tu Collar de Perlas
(Jose Angel Buesa)
Cuba, 1910-1982

Yo he visto perlas claras de inimitable encanto,
de esas que no se tocan por temor a romperlas.
Pero sólo en tu cuello pudieron valer tanto
las burbujas de nieve de tu collar de perlas.

Y más, aquella noche del amor satisfecho,
del amor que eterniza lo fugaz de las cosas,
cuando fuiste un camino que comenzó en mi lecho
y el rubor te cubría como un manto de rosas.

Yo acaricié tus perlas, sin desprender su broche,
y las vi, como nadie nunca más podrá verlas,
pues te tuve en mis brazos, al fin, aquella noche
vestida solamente ¡con tu collar de perlas!


La Hora
(Juana de Ibarbourou)
Uruguay 1895-1979

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.

Ahora que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.

Ahora que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida aprisa.

Después... ¡ah, yo sé
que ya nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo,
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?

viernes, 2 de octubre de 2009

Gioconda Belli -Dos Poemas-

Gioconda Belli (Managua-Nicaragua, 9 de diciembre de 1948), escritora. Es una de las más populares escritoras nicaragüenses. Entre sus obras destacan "Línea de fuego" y "La mujer habitada", entre otras muchas. Comenzó a escribir poesía, siendo premiada por sus poemas en 1970. Se opuso a la dictadura del general Somoza. Esto le valió verse obligada a emprender el exilio rumbo a México y Costa Rica. Fue durante años refugiada política. El régimen de Somoza la había condenado a prisión. Desde 1970 fue militante revolucionaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional FSLN, organizacíon clandestina y perseguida cuyo objeto era la eliminación del régimen de Somoza. Tras su final ocupó cargos en el nuevo gobierno revolucionario. Destaca como autora de poesía y de novela. Primero con obras poéticas como Línea de Fuego, Truenos y Arco Iris y De la costilla de Eva. Más tarde en 1988 publicó una exitosa novela titulada La mujer habitada.


----ooo----

Te quiero como gata boca arriba
Te quiero como gata boca arriba,
panza arriba te quiero
maullando a través de tu mirada,
de este amor-jaula
violento,
lleno de zapatos
como una noche de luna
y dos gatos enamorados
discutiendo su amor en los tejados,
amándose a gritos y llantos,
a maldiciones, lágrimas y sonrisas
(de esas que hacen temblar el cuerpo de alegría).
Te quiero como gata boca arriba
y me defiendo de huir,
de dejar esta pelea
de callejones y noches sin hablarnos,
este amor que marea,
que me llena de polen,
de fertilidad
y me anda en el día por la espalda
haciéndome cosquillas.
No me voy, no quiero irme, dejarte,
te busco agazapada,
ronroneando.
Te busco saliendo detrás del sofá,
brincando sobre tu cama,
pasándote la cola por los ojos,
te busco desperezándome en la alfombra,
poniéndome los anteojos para leer
libros de educación o del hogar
y no andar chiflada y saber manejar la casa,
poner la comida,
asear los cuartos,
amarte sin polvo y sin desorden,
amarte organizadamente,
poniéndole orden a este alboroto
de revolución y trabajo y amor
a tiempo y destiempo,
de noche, de madrugada,
en el baño,
riéndonos como gatos mansos,
lamiéndonos la cara como gatos viejos y cansados
a los pies del sofá de leer el periódico.
Te quiero como gata agradecida,
gorda de estar mimada,
te quiero como gata flaca
perseguida y llorona,
te quiero como gata, mi amor,
como gata, Gioconda,
como mujer
te quiero


Esto es amor
La mente se resiste a olvidar las cosas hermosas,
se aferra a ellas y olvida todo lo doloroso,
mágicamente anonadada por la belleza.

No recuerdo discursos contra mis débiles brazos,
guardando la exacta dimensión de tu cintura;
recuerdo la suave, exacta, lúcida transparencia de tus manos,
tus palabras en un papel que encuentro por allí,
la sensación de dulzura en las mañanas.

Lo prosaico se vuelve bello
cuando el amor lo toca con sus alas de Fénix,
ceniza de mi cigarro que es el humo
después de hacer el amor,
o el humo compartido,
quitado suavemente de la boca sin decir nada,
íntimamente conociendo que lo del uno es del otro
cuando dos se pertenecen.

No te entiendo y quisiera odiarte
y quisiera no sentir como ahora
el calor de las lágrimas en mis ojos
por tanto rato ganado al vacío,
al hastío de los días intrascendentes,
vueltos inmortales en el eco de tu risa
y te amo monstruo apocalíptico de la Biblia de mis días
y te lloro con ganas de odiar
todo lo que alguna vez me hizo sentir
flor rara en un paraíso recobrado
donde toda felicidad era posible
y me dueles en el cuerpo sensible y seco de caricias,
abandonado ya meses al sonido de besos
y palabras susurradas o risas a la hora del baño.

Te añoro con furia de cacto en el desierto
y se que no vendrás
que nunca vendrás
y que si venís seré débil como no debería
y me resisto a crecerme en roca,
en Tarpeya,
en espartana mujer arrojando su amor lisiado para que no viva
y te escondo y te cuido en la oscuridad
y entre las letras negras de mis escritos
volcados como río de lava entre débiles rayas azules de cuaderno
que me recuerdan que la línea es recta
pero que el mundo es curvo
como la pendiente de mis caderas.

Te amo y te lo grito estés donde estés,
sordo como estás
a la única palabra que puede sacarte del infierno
que estás labrando como ciego destructor
de tu íntima y reprimida ternura que yo conozco
y de cuyo conocimiento
ya nunca podrás escapar.

Y sé que mi sed sólo se sacia con tu agua
y que nadie podrá darme de beber
ni amor, ni sexo, ni rama florida
sin que yo le odie por querer parecérsete
y no quiero saber nada de otras voces
aunque me duela querer ternura
y conversación larga y entendida entre dos
porque sólo vos tenés el cifrado secreto
de la clave de mis palabras
y sólo vos pareces tener
el sol, la luna, el universo de mis alegrías
y por eso quisiera odiarte como no lo logro,
como sé que no lo haré
porque me hechizaste con tu mochila de hierbas
y nostalgias y chispa encendida
y largos silencios
y me tenés presa de tus manos mercuriales
y yo me desato en Venus con tormentas de hojarasca
y ramas largas y mojadas como el agua de las cañadas
y el ozono de la tierra que siente venir la lluvia
y sabe que ya no hay nubes,
ni evaporización,
ni ríos,
que el mundo se secó
y que no volverá jamás a llover,
ni habrá ya nieve o frío o paraíso
donde pájaro alguno pueda romper
el silencio del llanto.

sábado, 4 de julio de 2009

CUERPO A LA VISTA, CAMPO DE BATALLA

CUERPO A LA VISTA

Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron un cuerpo:
tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,
tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales,
prisioneros en llamas,
tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada,
sitios en donde el tiempo no transcurre,valles que sólo mis labios conocen,
desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos,
cascada petrificada de la nuca,
alta meseta de tu vientre,
plata sin fin de tu costado.
tus ojos son los ojos fijos del tigre
y un minuto después son los ojos húmedos del perro.
Siempre hay abejas en tu pelo.
Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos
como la espalda del río a la luz del incendio.
Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla
y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna,
el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises
la noche de los cuerpos,
como la sombra del águila la soledad del páramo.
Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano.
Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,
bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma,
cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,
boca del horno donde se hacen las hostias,
sonrientes labios entreabiertos y atroces,
nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible
(allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable)
Patria de sangre,única tierra que conozco y me conoce,
única patria en la que creo,única puerta al infinito.
OCTAVIO PAZ
Campo de Batalla(Rafael Alberti)
Nace en las ingles un calor callado,
como un rumor de espuma silencioso.
Su dura mimbre el tulipán precioso
dobla sin agua, vivo y agotado.
Crece en la sangre un desasosegado,
urgente pensamiento belicoso.
La exhausta flor perdida en su reposo
rompe su sueño en la raíz mojado.
Salta la tierra y de su entraña pierdesavia,
veneno y alameda verde.
Palpita, cruje, azota, empuja, estalla.
La vida hiende vida en plena vida.
Y aunque la muerte gane la partida,
todo es un campo alegre de batalla.

jueves, 25 de junio de 2009

Ritual Secreto


(Orietta Lozano, Colombia)

Amante mío, estoy desnuda, más fresca que el agua azul
para tu noche de amor.
Cada extremo de mi boca,
cada esquina de mis miembros
se apresuran como ágiles peces
hacia tus tibias aguas.
Amante mío, yo deseo la mordedura de tus dientes
y me encamino temblorosa hacia cada uno de tus dedos,
me detengo a mirar tu cuerpo a través de oscura cerradura
e incontenible deseo se posa en mis húmedos senos.
Por tí se escapa la sequedad de mi boca,mi mirada de brújula perdida en tus rincones,
floto voluptuosa en tus profundas aguas
y me abro como flor nocturna a tu plácida noche.
Mi cuerpo, fiesta fértil y lasciva.
Poséeme solitaria, desnuda ante tu noche,
siémbrame semillas olorosas a sal.
Mírame desnuda
con la hermosa sospecha
que mi vientre será fértil a tu salada lluvia.
Mi caverna, tibia y silenciosa, guarida perfecta
de tu solitario cuerpo.
Mi boca es suave entre tus dientes,
mi lengua, pájaro que anida en tu boca.
Por mi carne fluye sudor de hierro
y me prendo como alga marina a tu confuso mar.
Soy la obra inconclusa con infinitas posibilidades para un final.
Me entrego fácil a tus brazos, con el misterioso encanto de un ritual.

jueves, 11 de junio de 2009

Consumación -Eunice Odio-

Eunice Odio - Reseña biográfica
Poeta costarricense nacida en San José en 1922. Desde muy temprana edad se inició en la lectura de los clásicos cultivando el ensayo, la narrativa y la poesía, con una gran riqueza de los recursos líricos, para dar vuelco a las inclinaciones tradicionales de los textos bíblicos y temas tradicionales, convirtiéndola en un punto de referencia importante en el panorama literario de Centroamérica.En 1947 ganó el Premio Centroamericano de Poesía 15 de Septiembre con su obra «Los Elementos Terrestres». Cansada del rechazo de una sociedad urbana tradicionalista, se trasladó a México, país donde residió hasta su muerte, en 1974. Del resto de su obra merecen destacarse «Zona en Territorio del Alba» en 1953, «El Tránsito de Fuego» en 1957, «El Rastro de la Mariposa» y «Los trabajos de la Catedral

CONSUMACIÓN
Tus brazos como
blancos animales nocturnos
afluyen donde mi alma suavemente golpea.
A mi lado,
como un piano de plata profunda
parpadea tu voz,
sencilla como el mar cuando está solo
y organiza naufragios de peces y de vino
para la próxima estación del agua.
Luego, mi amor bajo tu voz resbala.
Mi sexo como el mundo diluvia y tiene pájaros,
Y me estallan al pecho palomas y desnudos.
Y ya dentro de ti yo no puedo encontrarme,
cayendo en el camino de mi cuerpo.
Con sumergida y tierna
vocación de espesura,
Con derrumbado aliento
y forma última.
Tú me conduces a mi cuerpo,
y llego,
extiendo el vientre
y su humedad vastísima,
donde crecen benignos pesebres y azucenas
y un animal pequeño,
doliente y transitivo.