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lunes, 21 de marzo de 2011

Sylvia Plath

(1932-1963) Poetisa y novelista estadounidense. Empezó a escribir poesía de niña, estudió en la Universidad de Smith y, gracias a una beca Fulbright, en la Cambridge. Su primer libro, El coloso (1960), puso en evidencia la meticulosidad de su oficio y un estilo muy personal. Ariel (1965) está considerado como su mejor libro de poemas que, al igual que su poesía posterior publicada después de su suicidio, refleja un ensimismamiento y una obsesión por la muerte crecientes. Poemas completos, que ganó el Premio Pulitzer

en 1982, fue editado por su marido, el poeta británico Ted Hughes, en 1981. La campana de cristal (1963), novela que publicó con el seudónimo de Victoria Lewis, es el relato autobiográfico del colapso nervioso de una joven. Su correspondencia, Cartas a casa, 1950-1963, preparada por su madre y publicada en 1975, ayuda a comprender sus fuentes de inspiración y su desesperación. Otras obras, publicadas póstumamente, son Cruzando el agua (1971) y Arboles de invierno (1972), ambos libros de poesía, y Johnny Panic y la Biblia de sueños, libro de cuentos. En 1982 se publicaron sus Diarios.

Espejo

Soy plateado y exacto. No tengo preconceptos.

Cuanto veo, lo trago inmediatamente

Tal cual es, sin empañar por amor o desagrado

No soy cruel, sólo veraz:

Ojo de un pequeño dios, cuadrangular.

Casi todo el tiempo medito en la pared de enfrente.

Es rosada, con lunares. La he mirado tanto tiempo

Que creo que es parte de mi corazón. Pero fluctúa.

Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.


Ahora soy un lago. una mujer se inclina sobre mi,

buscando en mi extensiójn lo que ella es en realidad.

Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las bujías o la luna,

veo su espalda y la reflejo fielmente.

Me recompensa con lágrimas y agitando las manos.

Soy importante para ella. Que viene y se va.

Todas las mañanas su cara reemplaza la oscuridad.

En mi ella ahogó a una muchachita y en mi una vijea.

Se alza hacia ella día tras día, como un pez feroz

Límite

(Escrito la víspera de su suicidio)

La mujer alcanzó la perfección.

Su cuerpo


muerto muestra la sonrisa de realización,

la apariencia de una necesidad griega


fluye por los pergaminos de su toga,

sus pies


desnudos parecen decir,

hasta aquí hemos llegado, se acabó.


Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes,

uno a cada pequeña jarra


de leche ahora vacía.

Ella los ha plegado


de nuevo hacia su cuerpo;

así los pétalos de una rosa cerrada,


cuando el jardín se envara

y los olores sangran de las dulces gargantas


profundas de la flor de la noche.

La luna no tiene por qué entristecerse,


mirando con fijeza desde su capucha de hueso.


Está acostumbrada a este tipo de cosas.

Sus negros crepitan y se arrastran.



PALABRAS


Hachas después de cuyos golpes
los sonidos del bosque

Y los ecos!

Ecos viajando

Lejos del centro como caballos.


La savia

Derramándose como lágrimas, como el

Agua al esforzarse

Por re establecer su espejo

Sobre la roca.


La que chorrea y cambia

Su calavera blanca,

Comida por las verdes cizañas.

Años después

Las encontré en el camino.

Palabras secas y sin jinetes

De infatigables y ligeros-cascos


Cuando Desde el fondo del estanque,

las fijas estrellas Gobiernan una vida.

Cementerio en noviembre

La obstinada escena persiste: los árboles avarientos atesoran

las hojas del año que se va, reacios a llorar su muerte, a vestir el sayal

o a transformarse en dríades elegíacas, mientras la austera hierba

guarda para sí la dura esmeralda de su esencia,

por mucho que la pomposa mente desprecie


tal pobreza. Los gritos de los muertos.

No florecen nomeolvides entre las losas

que pavimentan este camposanto. Aquí es la honesta podredumbre

la que descose el corazón, monda el hueso hasta liberarlo

de la vena ficticia. Cuando un escueto esqueleto

viene a sumarse a lo real, todas las lenguas de los santos se deshacen

en silencio: las moscas no ven resucitar a nadie bajo el sol.


Observa, pues, observa bien este paisaje esencial

hasta que tus ojos urdan una visión deslumbrante en el viento:

sea cual sea la pérdida que destellan los condenados

espectros, aullando en sus sudarios por el páramo,

ensalza la jauría de la mente famélica

que puebla el cuarto desnudo, el aire vacío, desocupado

La voz de Sylvia Plath, recitando November Graveyard.

The Edge

By Sylvia Plath

The woman is perfected.
Her dead

Body wears the smile of accomplishment,
The illusion of a Greek necessity

Flows in the scrolls of her toga,
Her bare

Feet seem to be saying:
We have come so far, it is over.

Each dead child coiled, a white serpent,
One at each little

Pitcher of milk, now empty.
She has folded

Them back into her body as petals
Of a rose close when the garden

Stiffens and odors bleed
From the sweet, deep throats of the night flower.

The moon has nothing to be sad about,
Staring from her hood of bone.

She is used to this sort of thing.
Her blacks crackle and drag.

domingo, 20 de marzo de 2011

Sylvia Plath, Ted Hughes y Assia Wevill: Amores Trágicos

El iniverno de 1963 fue el peor en Ingalterra. El país estaba paralizado, el agua se congelaba enlas cañerías, y había cortes de energía y escasez de carbón. La desolación de ese inviernodejó muchas imágenes pero ninguna ha logrado resumirla más cabalmente que la madrugada del 11 de febrero, cuando Sylvia Plath entro en el cuarto de sus hijos, les dejó dos jarros de leche y dos panes con mantequilla, se encerró luego en la cocina, selló la puerta y ventana con toallas mojadas, abrió la llave de gas y puso la cabeza dentro del horno. La escena es tóxicamente célebre: los hijos de Plath tenían 1 y 2 años; ella acababa de cumplir 30 y estaba escribiendo como nunca antes en su vida; a las nueve de la mañana debía llegar al departamenteo una niñera recomendada por el psiquiatra de Plath (que había intentado convencerla para que se internara o, al menos, se dejara ayudar); los bomberos debieron echar abajo la puerta para salvar a los niños; el padre de las criaturas, el también poeta Ted Hughes, no aparecía por ningún lado.La escena pedía a gritos un culpable y Hughes daba el papel a la perfección: todo Londres sabía que la separación de la pareja se debía al borrascoso romance de Hughes con otra poeta, Assia Wevill.
El matrimonio de Hughes y Plath parecía bendecido por las musas: él era la gran promesa de la poesía inglesa, ella su equivalente norteamericano. Él venía de clase baja rural de Yorkshire, ella de la intelecutalidad judía de Boston. Él hablaba de las fuerzas oscuras de la naturaleza; ella de los campos de concentración de la mente.
Dos horas después de conocerse en Cambridge, ya habían tenido sexo y se habían dedicado un poema uno al otro. Bajo el influjo de esa fiebre se casaron. Pero, como dijo el gran Seamus Heaney, cuando dos poetas tan originales se unen, cada líena que escribe uno le da al otro la sensación de que le fue extraída de su cráneo. A cierto grado de intensidad creativa, que la musa le sea infiel a uno con su pareja debe de ser más insoportable que verla enredada con un ejército de amantes.
Plath logró encontrar su verdadera voz al separarse de Hughes, como quedó en evidencia cuando sus poemas finales se publicaron después de su muerte. Hughes fue el responsable de la edición. Lo acusaron de dejar afuera los poemas que más duros eran con él, aunque los que había dejado eran igualmente duros, y eran mejores poemas. Plath no era una novata en la ceremonia del suicidio. De hecho, creía que la seriedad de sus intentos (uno en EEUU, dos en Ingalterra) la autorizaban a hablar como lo hace en su célebre poema "Lady Lazarus" ("Morir es un arte/yo lo hago excepcionalmente bien/se diría que tengo el don").
Rober Lowell, que prologó aquel libro póstumo y que también habría de suicidarse, dijo que esos poemas "juegan a la ruleta rusa con seis balas en el cargador". Pero entonces Assia Wevill hizo ella también La Gran Plath (hornllas, gas, todo) con el adicional de que se llevó al otro mundo a la hijita de dos años que había tenido con Hughes, y el veredicto quedó sellado para siempre.
Hughes se fue a vivir al campo con los dos hijos que le dió Plath. Dijo que su vida estaba terminada, que sólo sobrevivía póstumamemte (volvió a casarse es cierto, pero con una enfermera, signifique lo que signifique). En sus escasas apariciones públicas le gritaban asesino. Una feminista le dedicó una famosa diatriba "Yo te acuso, Ted Hughes...". La tumba de Plath era sistemáticamente vandalizada para borrarle el Hughes del "Sylvia Plath-Hughes" de la lápida.
Así fueron pasando los años has que, en 1998, poco antes de sumbuir al cáncer Hughes dejó listo un libro titulado Cartas de cumpleaños. Como el Ariel de Plath, también se publicó póstumo. Es el mejor libro de Hughes. Consiste enteramente en poemas dirigidos a Plath. Desde mediados de los 60´s, Hughes había empezado a escribirle cartas a su mujer muerta el día del cumpleaños. Eran poemas que bajaban solos, que no podía ni corregir y que le parecían tan privados que dejó que se fueran acumulando en el fondo de un cajón.
Después de décadas de obstinado silencio, aquel puñado de poemas ofrecía todo lo que Hughes tenía para revelar sobre Plath y él y Assia Wevil. (¿cuánto de tu muerte se debió a mis insanas decisiones?/¿y cuánto de la muerte de ella a mis insanas indecisiones?)
Los plathianos acusaron al finado de "falsear la verdad de los hechos desde la tumba". Hughes sólo se abstenía de hablar de aquella madrugada fatal de febrero de 1963. Recientemente se supo, y armó flor de revuelo, que dejó fuera de la versión final de Cartas de Cumpleaños un poema que iba a titular "Última Carta" , que comienza diciendo "Qué pasó aquella noche, tú última noche" y terminaba cuando una voz en el teléfono deposita en el oído de Hughes esas cuatro palabras como cuchillos "su esposa está muerta". En el poema, Plath quema en presencia de Hughes una nota suicida que le había enviado por correo dos días antes de materse (el correo inglés era tan eficaz que no le dio tiempo de cumplir su cometido: Hughes irrumpió antes en su departamento). En el poema Hughes pasa la noche en el piso de una mujer (que no era Assia Wevill, como siempre se supuso), mientras Plath baja una y otra vez al teléfono público de la esquina (en su departamente no tenía) intentando infructuosamente localizarlo. En el poema, Hughes entra ya de mañana en su casa de soltero, se acomoda frente a sus papeles, cuando el teléfono "despertó electrizado y una voz como un arma elegida especialmente soltó en mi oído esas cuatro heladas palabras: Su esposa está muerta". En el poema, como en el resto del libro, Hughes se dirige evidentemente a Plath, como un hombre que está por morir le habla a su esposa muerta.
Uno de los hijos de Plath y Hughes, Nicholas, se ahorcó en su casa de Alaska hace un año. Vivía solo, aislado del mundo. La hija, Frieda, sigue viva. Cuando se estrenó una infame biopic con Gwyneth Paltrow haciendo de Plath, publicó un breve poema que dice:
Ahora hay una película
para aquellos incapaces de imaginar solos
su cadáver, su cabeza en el horno
Y dicen que yo les debo sus últimas palabras
Por que algo hay que poner en boca
de ese monstruo que han creado.
Ya saben quién: Sylvia, la Muñeca Suicida.
Juan Forn. Tomado de "Ojo", San José, C.R., 18/02/2011-18/03/2011, p. 23.

lunes, 26 de abril de 2010

Cuatro Poesías de Shirley Quesada

Shirley Quesada es artista plástica, maestra y poeta. Costarricense, tiene 36 años sobre este planeta. 


Transición

Cuerpo inerte
Cuerpo calmo
Cuerpo solo
Tiritando

Cuerpo alegre
Sonriendo
Cuerpo rostro
Cuerpo-cuerpo

Cuerpo loco
Cuerpo cuerdo
Cuerpo desnudo
Pero envuelto

Cuerpo abrazo
Cuerpo beso
Cuerpo gemido
Y embelezo

Cuerpo vivo
Cuerpo ardiendo
Cuerpo brillo
Refulgiendo

Cuerpo grito
Y desespero
Cuerpo fundido
En tus desvelos


Danza

Sos como una hoja
A cada momento caes
El viento te levanta
Sos la luna y sus fases

Te quiero, te vas y volves
Te aprieto, te suelto y caes
De nuevo el aire te inflama
Y ardes, sos fogata, sos llama

Me oculto, me encuentras
Te empujo, das vueltas
Inmediato te recompones
Sos pistilo, sos polen

Te siento y no sos tangible
Invisible, palpable, lloroso,
Me fundo, me gasto, renazco,
Te amo y no sos posible

Ausencia

Mi mano en carne viva
Mi mano sedienta
Mi mano enardecida
Tu mano la calienta

Mi mano estaba muerta
Mi mano en el olvido
Mi mano en estallido
Tu mano turbulenta

Mi mano absorbida
Mi mano esta completa
Mi mano con el trozo
De la tuya tan intensa

Mi mano protegida
Soñé y cuando despierto
Tu mano esta vacía
Y la mía es un desierto

Anhelo

Hoy cuanto ansío tu boca
Sedienta de mis besos
Y mis caricias atentas
A toda tu piel y tus huesos

Tanto ansié hoy la mano ausente
Con todos sus dedos volando
Buscando lúdicamente
Mi piel en rojo vibrando

El hoy se fue en un instante
En n solo minuto carcelario
Y nunca estuve más presa
Que cuando tus brazos me soltaron

Pero todo esto cambiaría
Por un segundo a tu lado
Ese en que tus ojos me miran
Como si todos se hubieran marchado


sábado, 27 de marzo de 2010

Delmira Agustini -Tres Poemas-

Una luz que se apagó a los 27 años.   Nace en Uruguay el 24 de octubre de 1887.  Su padre fue Santiago Agustini y su madre María Murtfeld Triaca.  Fue una niña bastante precoz pues además de componer versos desde que tenía 10 años, estudió francés, música y pintura.  Colaboró en la revista La Alborada, también en Apolo del poeta Manuel Pérez y Curis. Formó parte de la Generación de 1900, junto a Julio Herrera y Reissig, Leopoldo Lugones y Rubén Darío, del que se proclamaba su pupila. Darío llegó a compararla con Santa Teresa, diciendo de ella que era la única, desde la santa, en expresarse como mujer.  Sus temas se centraron en la sexualidad femenina en un momento histórico en que debido al dominio masculino en la mayoría de los quehaceres artísticos, culturales y sociales, se acallaba. Podría ubicarse su obra, en cuanto estilo, temática y expresividad en la primera época del modernismo, pues aborda situaciones como la fantasía  tópicos que bien podrían tildarse de exóticos. Eros es la inspiración para los poemas de Agustini sobre los placeres del cuerpo. Eros es el protagonista en muchos de sus poemas y obras literarias. Los cálices vacíos (1913) fue su última publicación en vida, y está centrado precisamente en temáticas concernientes al dios del Amor, para con ello entrar de lleno a la corriente vanguardista.  Se casó con Enrique Job Reyes el 14 de agosto de 1913, abandonándolo un mes y medio después, para finalmente divorciarse el 5 de junio de 1914.  El 6 de julio de ese año muere asesinada por su ex-esposo, quien luego se quita la vida.  Una invitación para conocer más acerca de la obra de esta poetisa latinoamericana que marca un hito indudable en la dinámica expresiva de la sexualidad y percepción femenina.

LA CITA
En tu alcoba techada de ensueños, haz derroche
De flores y de luces de espíritu; mi alma,
Calzada de silencio y vestida de calma,
Irá a ti por la senda más negra de esta noche.

Apaga las bujías para ver cosas bellas;
Cierra todas las puertas para entrar la Ilusión;
Arranca del Misterio un manojo de estrellas
Y enflora como un vaso triunfal tu corazón.

¡Y esperarás sonriendo, y esperarás llorando!...
Cuando llegue mi alma, tal vez reces pensando
Que el cielo dulcemente se derrama en tu pecho...

Para el amor divino ten un diván de calma,
O con el lirio místico que es su arma, mi alma
Apagará una a una las rosas de tu lecho!
El Rosario de Eros

BOCA A BOCA
Copa de vida donde quiero y sueño
Beber la muerte con fruición sombría,
Surco de fuego donde logra Ensueño
Fuertes semillas de melancolía.
Boca que besas a distancia y llamas
En silencio, pastilla de locura
Color de sed y húmeda de llamas...
¡Verja de abismos es tu dentadura!
Sexo de un alma triste de gloriosa;
El placer unges de dolor; tu beso,
Puñal de fuego en vaina de embeleso,
Me come en sueños como un cáncer rosa...
Joya de sangre y luna, vaso pleno
De rosas de silencio y de armonía,
Nectario de su miel y su veneno,
Vampiro vuelto mariposa al día.
Tijera ardiente de glaciales lirios,
Panal de besos, ánfora viviente
Donde brindan delicias y delirios
Fresas de aurora en vino de Poniente...
Estuche de encendidos terciopelos
En que su voz es fúlgida presea,
Alas del verbo amenazando vuelos,
Cáliz en donde el corazón flamea.
Pico rojo del buitre del deseo
Que hubiste sangre y alma entre mi boca,
De tu largo y sonante picoteo
Brotó una llaga como flor de roca.
Inaccesible... Si otra vez mi vida
Cruzas, dando a la tierra removida
Siembra de oro tu verbo fecundo,
Tú curarás la misteriosa herida:
Lirio de muerte, cóndor de vida,
¡Flor de tu beso que perfuma al mundo!
El Rosario de Eros

AMOR
Lo soñé impetuoso, formidable y ardiente;
hablaba el impreciso lenguaje del torrente;
era un mar desbordado de locura y de fuego,
rodando por la vida como un eterno riego.
---0---

Luego soñélo triste, como un gran sol poniente
que dobla ante la noche la cabeza de fuego;
después rió, y en su boca tan tierna como un ruego,
soñaba sus cristales el alma de la fuente.
---0---

Y hoy sueño que es vibrante y suave y riente y triste,
que todas las tinieblas y todo el iris viste,
que, frágil como un ídolo y eterno como Dios,
---0---
sobre la vida toda su majestad levanta:
y el beso cae ardiendo a perfumar su planta
en una flor de fuego deshojada por dos....

 Más poemas

sábado, 25 de julio de 2009

Walt Whitman

Sobre Walt Whitman, la información en la red, y en términos generales, sobre su obra es sumamente amplia en la red. Sòlo basta poner su nombre en un buscador y upsss. ...ahí está, aquí algunos detalles de wikipedia y un par de poemas......

Walt Whitman (West Hills, condado de Suffolk, Nueva York, 31 de mayo de 1819 – Camden, Nueva Jersey, 26 de marzo de 1892), fue un poeta, ensayista, periodista y humanista estadounidense. Su trabajo se inscribe en la transición entre el Trascendentalismo y el Realismo, incorporando ambos movimientos a su obra. Whitman está entre los más influyentes escritores del canon norteamericano (del que ha sido considerado su centro) y ha sido llamado el padre del verso libre. Su trabajo fue muy controvertido en su tiempo, particularmente por su libro Hojas de hierba, descrita como obscena por su abierta sexualidad. Su influencia ha sido amplia,
siendo tenido como el padre de la moderna poesía americana. Entre los escritores que se han visto marcados por su obra figuran: Wallace Stevens, Hart Crane, D.H. Lawrence, T.S. Eliot, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, John Ashbery, entre otros. Nacido en Long Island, trabajó como periodista, profesor, empleado de gobierno y enfermero voluntario durante la Guerra civil estadounidense. Al inicio de su carrera, también produjo una novela, Franklin Evans (1842). Su obra maestra, Hojas de hierba, fue publicada en 1855, costeada por él mismo. El libro fue una tentativa de tender los brazos hacia el ciudadano común con una épica americana. La obra fue siendo revisada y expandida durante el resto de su vida, siendo publicada la edición definitiva en 1892. Luego de un derrame al final de su vida, se movió a Camden, Nueva Jersey, donde su salud declinó. Murió a los 72 años y su funeral se convirtió en un espectáculo público.


Yo, he visto cosas que vosotros no creeríais...
Abro mi escotilla en la noche y veo constelaciones sembradas en el infinito.
Y todo cuanto veo se multiplicay se pierde más allá,
se liga con sistemas invisibles,
se extiende y se expande más allá...
Siempre más allá y más allá...
Mi sol tiene su sol y alrededor de él gira sin descanso;
Va con sus camaradas de un sistema superior
y otros mayores siguen
y otros mayores y mayores...
Todo gira, nada se para ni puede pararse.
Si yo, tú, todos los mundos, todo cuanto existe debajo y
fuera de estos mundos se tornase de pronto en una pálida neblina,
nada importaría en el tiempo...
Seguramente volveríamos a estar donde ahora,
seguiríamos caminando adonde vamos
y después... más allá y más allá.
Más allá de mis ojos está el espacio sin límites...
LO QUE SOY DESPUÉS DE TODO
¿Qué soy, después de todo, más que un
niño complacido con el sonidode mi propio nombre?
Lo repito una y otravez,
Me aparto para oírlo -y jamás me canso de
escucharlo.
También para ti tu nombre:
¿Pensaste que en tu nombre no había otra
cosa que más de dos o tres inflexiones?

sábado, 27 de junio de 2009

Hétor Burke















Héctor Burke es un artista completo. Nacido en Cartago, Costa Rica, hacia 1955. Poeta y pintor, grabador, xilografista, es el representante costarricense más genuino de lo que se dió en llamar brut-art. Sus obras conceptuales en lo que a la plástica se refiere están llenas de color y contrastes cromáticos, sobre la base de una particular prepraración de las telas, con texturas y formas diversas. Su poética, por otro lado es la trasncripción de imágenes reales o irreales, como quien dice más bien, estampas palabreadas, con un colorido emotivo y paisajistico indiscutible, donde se encuentran cosas y personas, animales y paisajes, caminos y encrucijadas. Intenso, simbólico, y breve, Burke es quizá el más auténtico de los poetas costarricenses contemporáneos, nada dado a los exhibicionismos o las poses. En este país, en el que poetas y pintores son tan dados a las poses y los snobismos Burke es un aliento de originalidad y consecuencia consigo mismo y la idea del arte con que se forjó, en una tendencia un tanto anáquica.
Búfalo Azmilclero

Cuando el búfalo azmilclero se asusta
tensa su nariz afinando el viento
en delgadas fibras de noche,
sus patas enraízan
absorbiendo la obscuridad y la luz del suelo
arborizándose enorme,
sus cuernos se curvan
convirtiéndose en una espiral
que pasa por el núcleo ígneo hasta más allá del horizonte cósmico;
el viento mueve su pelambre añosos,
la frente se le esfuma en gamas de azul nocturno,
los ojos se le descargan en un rayoque calcina el frío en sus manos,
sus cejas son puertas abiertas a sí mismo.
Cuando el búfalo almizclero se asusta,
en el extremo de su mirada el grafito esgrafía,
escinde
el espacio
buscando.
Aún.
Está cansado.10.000.000 de años le pesan en la cornamenta,
petrificada como los líquenes de su pelambre.
Alguien que rasque su lomo de cargador de relojes de granito.
Cuando el búfalo almizclero se pone cursilas lágrimas se ocultan detrás de las puertas,
escribe poemas con el nombre de ellas, canta.
Está exhausto.
Solo miraba con asombro.
Ya no queda nada de su infanciasino territorio a sembrar
el basamento de la poesía.
Y un ariete para ingresar en lo genésico.…………………………………………..

miércoles, 17 de junio de 2009

Julio Acuña Agüero

Julio Acuña Agüero nació en Costa Rica en el año 1973. Periodista, promotor cultural, poeta y viajero. Trabajó en el Centro de Cine y co-dirigió junto al poeta nicaragüense Alonso Mejía el diario La Nueva Prensa. Recibió los premios "Arturo Agüero", "Región Brunca" de la Universidad de Costa Rica y el premio de poesía de la Revista Nacional de Cultura. En el 2006 publicó el poemario Ontología menor con Ediciones Andrómeda. Su trabajo fue difundido en diversas publicaciones nacionales y extranjeras, y su poesía apareció en varias antologías. A su muerte, trágica y lamentablemente acaecida el 19 de junio del 2008, dejó a punto de publicación el poemario Museo de espejos.
No soy de los que endiosan a nadie. Ni lo haré con Julio. Ser humano por los cuatro costados. Eso fue. Un ser humano con todas las implicaciones que tal condición tiene. Una de las últimas veces que lo ví atravesaba las cercanías de la Iglesia de San Pedro, con Tania y su hijo Solaris. En medio de la crisis yo hacía de wachiman, es decir, cuidacarros. Siempre con ese atrevimiento de querer hablarle a uno lo más cerca que pudiera, al punto de acercar sus labios sobre los del interlocutor. Poeta, no podría poner en duda eso. Cineasta, no sé, pero sí enamorado de la imagen y del mensaje que podría eventualmente envolver y transmitir cualquier material audiovisual. Eso era un pendiente en él. Sin duda alguna ideas le sobraban.

Otra vez, hace algunos años, lo vi caminando cerca del parque España, posiblemente venía del Centro de Cine. Los saludos de rigor, un porro, sin saber cómo, nos encaminábamos juntos por el centro de San José trivializando, y en la Plaza de la Cultura estaba ella. Una amiga suya que generosamente me presentó. Sandra me dijo que se llamaba. Esa noche, en casa de Julio, allá en El Llano de Alajuelita, cerca de dónde murió asesinado en junio del 2008, hubo una fiesta sútil. Chicha, una frugal comida cocinada con leña, dos porros más entre cinco o seis personas. Jhonny, un amigo de éste, Tania, alguien que no recuerdo, Sandra y yo. Esa noche Sandra y yo hicimos el amor, en la sala de aquella casa mientras los demás dormían. Tras una larga sequía de besos y caricias de mi parte. Fue como un oasís aquella noche. De alguna manera, también le debo conocer a otra persona, a quien amé profundamente, y cuyo recuerdo de vez en cuando se desliza por mi piel como un aceite tibio, como un bálsamo vivificante. Él me la presentó también. Más que agraciada, era graciosa, y muy hermosa. Gracias Julio, por eso. Gracias por tu abrazo y por el estrechón de manos. Gracias por permitir las diferencias y los encuentros. Gracias por ser tan humano, y tan irremediablmente vos, para bien y para mal. Nos dejó un poemario: Ontología menor. Hasta hace poco se podía adquirir en la librería Clara Luna, de Pilar Rivas, sobre la Calle de la Amargura. Hay otro en prensa, he leído por ahí, muchos lo esperamos conocer pronto. en lo que a mi respecta, estoy seguro que en algún momento, surgirá otro de esos encuentros tan casuales.

DIVAGACIÓN
Ve la mirada
de las niñas
descubre tu última
vocación absoluta
no comprenderás
nada de los grandes
la psicología moderna
no te cubrirá-de nada sirve-
Súbete al árbol
ve con ellas
al naranjo en flor
la explosión
Reducirás tu edad
te abrazará su olor
ARRABAL
Llovió coléricamente
por el lado no cardinal
de la casa
Los tablones se mojaron
hasta potenciar un ensamble acuoso
con la tierra de los rincones tan humana
por sus restos.
¿Cuánto aprender del diluvio
y si nos será posible la espera ahogada?
Ya en otro cuento y su atavismo,
novísima esperanza dando tumbos.