![]() |
| John Brown en 1859 |
![]() |
| 1859, Massachussetts |
![]() |
| 1859, Massachussetts |
Música, erotismo, poesía, política
![]() |
| John Brown en 1859 |
![]() |
| 1859, Massachussetts |
![]() |
| 1859, Massachussetts |
El próximo dos de noviembre, en el marco de las elecciones legislativos del Estado de California, Estados Unidos, se dará la posiblidad a los electores de decidir sobre la legalización del uso de la marihuana en su variedad de cannabis sativa. Un interesante artículo firmado por Amy Ross, aparece en la revista PROA, del diario costarricense La Nación de este domingo 31 de octubre. Sin duda alguna, esta iniciativa, conocida Propuesta 19 puede marcar un hito en lo que a este controversial tema se refiere. En la actualidad es relativamente extendida la tolerancia y despenalización del consumo de esta planta, anatemizada por mcuhos e incomprendida por la mayoría. He aquí algunos extractos del artículo en mención:
La actual Asamblea Legislativa podría provocar un ataque de hilaridad. En la edición del matutino de circulación nacional Diario Extra, del 10 de septiembre 2010, aparece una noticia cuya ironía rebasa todos los límites. De nuevo, los señores diputados, egocéntricos y corto alcancistas (me razón y otras facultades) de forma egoísta, y con un dejo de "importancia", cuestionan a la presidente Laura Chinchilla sobre la presencia de infiltrados en sus respectivas bancadas. Todos los firmantes son de oposición. El asunto es que desde hace tiempo se sabe de las intervenciones inautorizadas judicialmente por parte de este órgano que se ha constituido en una policía política del Estado costarricense. Sus agentes interfieren en muchos niveles, tanto a nivel de los movimientos sociales, como de los sindicatos, de los movimientos estudiantiles y de todo cuánto se les venga en gana y les resulte necesario investigar.
Estas fechas me evocan una nostalgia particular respecto a mis años de juventud y adolescencia, durante la cual, participaba con la gloriosa banda del Liceo Napoleón Quesada, a la que me llevó Tavillo Araya, en los desfiles conmemorativos de la independencia Patria. Tocaba el bombo, por lo que en virtud de mi contextura las bromas no se hacían esperar en cuanto a la relación entre el ejecutante y su instrumento. Mucha agua ha pasado debajo del puente desde entonces y muchos mitos se han desmoronado también. Gracias a Dios, aún el puente sigue en pie. Esta vez, una nota llamó mi atención al dar lectura en la mañana de hoy al diario matutino de circulación costarricense La Nación. En ella se da cuenta como el diputado liberacionista Fabio Molina, en una actitud mezquina y por demás rídicula, argumenta contra la denominación de Héroe Nacional para Juan Rafael Mora Porras, artífice de la Campaña Nacional durante 1856-1857. En este sentido, al escudriñar un poco la historia nos damos cuenta de una serie de hechos que hasta hace poco eran desconocidos para la mayoría de los costarricenses. Sin embargo, el celo alajuelense del diputado Molina, que esgrime más que nada razones provinciales, lejos de sustentarlas históricamente, lo que hacen es acercar su figura a la de aquellos quienes por esos años esperaron a don Juanito, para enviarlo ante el pelotón de fusilamiento sin ninguna contemplación. Don Juanito, durante la campaña en cuestión tuvo la lucidez suficiente para arengar a los costarricenses a seguirlo en esta aventura en la cual él marcho muchas veces a la cabeza. Tuvo el atino para pensar e identificar la amaneza que se cernía sobre los costarricenses en cuanto a las intenciones reales de los aventureros filibusteros de aquella época. Tuvo la capacidad diplomática para buscar y canalizar los recursos económicos y humanos necesarios para emprender la bélica tarea que se propuso, junto a su cuñado, su hermano y otros destacadas personalidades de la época. Walker había tomado ya Nicaragua, de la cual se había proclamado presidente, con la aprobación de los sectores políticos de aquel país. Testimonios como los de Tomás Guardia y su hermano, éste último participante en la batalla de Rivas, dan cuenta de que la tarea no fue fácil. La lucha emprendida por Don Juanito fue, entonces, en varios frentes, sin embargo, el acto de Juan Santamaría, en este contexto, se reviste de gloria e importancia en la medida en que complementa el esfuerzo de muchos costarricenses. Posiblemente a don Fabio se le olvida que antes de el tambor de Alajuela, hubo otros costarricenses que intentaron quemar aquel Mesón. En una interpretación que raya en la ridiculez por el nivel de ignorancia histórica que representa, el artículo mencionado resalta que: "Para Molina, la participación de Mora en la guerra de 1856 contra los filibusteros no se puede comparar con lo vivido por la gesta que la historia le endosa a Juan Santamaría. Juan Santamaría no representa a los que dirigieron la gesta, sino a los que sufrieron en los campos de batalla, a los que murieron”. Se le olvida al ilustre diputado, que muchos de los que dirigieron en aquella gesta, también murieron, fuera víctima de las balas o de la peste del cólera desatada por la acción de los filibusteros que echaron sus muertos y los nuestros en las fuentes de agua, contaminándose por esta causa. La demagogia del señor diputado, no cabe duda, es evidente. Enzálzando al sencillo, al humilde, todo lo contrario a lo que es él y sus compañeros en el parlamento, como diciendo de alguna manera, que son los que deben estar al frente y morir por los ideales patrios, cuando en realidad, son los dirigentes los que deben dar el ejemplo con austeridad, humildad y procurando legislar a favor del pueblo y no de acuerdo a los intereses de la clase dominante. Muy posiblemente, don Fabio hubiera formado parte del pelotón de fusilamiento que áquel 30 de septiembre de 1860 dio fin a la vida de don Juanito, junto con su cuñado y general Don José María Cañas, que sin tapujos, participó igualmente en el frente de batalla de la mayor gesta heróica de los costarricenses, quizá el más digno episodio de nuestra historia y del que muchos se quiere valer para hacerse notar. Don Fabio tiene una deuda con los costarricenses, no pretenda con sus discursos populistas agraciarse con la gente, cuando en realidad, la figura de don Juanito no desmerita en nada a la del soldado Juan. Muy por el contrario, ambos son baluarte importante de nuestra historia, caras de una misma moneda. Yo creo que el calificativo no es tan importante, como sí lo es el manejo que desde lo simbólico se le ha dado a Santamaría como mecanismo de dominación y subyugación mitificado en su figura, perdiendo de perspectiva el trasfondo ideológico y social que contextualiza su participación y la de Mora, en diferentes ángulos y situaciones. Libertador, lo pondría por encima de la figura de Santamaría, que es precisamente lo que don Fabio quisiera evitar. Pero bueno, lo cierto del caso es que el rescate de la figura de Mora Porras se dará también en el plano de lo simbólico como mecanismo coadyuvante de dominación más que cómo la figura digna e inquebrantable que realmente fue. Criterio propio, automía y capacidad de decisión fueron sus características. Los diputados deberían tomar algunas lecciones de historia patria, o tal vez, tan sólo, darse una leidita por alguna biblioteca pública. Les recomiendo el texto de Jeffrey Roch "Los Filibusteros" o "William Walker", para que se hagan una idea de lo que sufrieron los invasores y cuáles eran sus verdaderas intenciones. He escuchado argumentos contra don Juanito, bien esgrimidos y articulados, como en algún momento escuché una crítica que realizó el Dr. Fernando Durán Ayanegui en una cafetería de San Pedro. Lo cierto del caso es que la argumentación del diputado Molina es bastante mala. A la postre, los filibusteros no han desaparecido del todo. Muchos de ellos tienen una cúrul en la actualidad.

Un tema complejo tiene muy ocupada a la opinión pública costarricense durante los últimos meses. La creciente violencia en los centros educativos ha alarmado en términos generales a la población. La discusión sobre la causa del aumento de la violencia, tanto a nivel cuantitativo y cualitativo, no se ha hecho esperar. En primer término, como es de esperar, la discusión se desliza en torno al tema de la familia y el hogar, sobre la base del papel nuclear que juega ésta en los procesos de socialización y reproducción. Grosso modo, el papel de los padres en la formación de los hijos e hijas, los programas de televisión que frecuentan los y las adolescentes; el material al que acceden por medio de internet, los modelos que reciben los y las jóvenes. Por otro lado, asimismo, el tema de los profesores en los centros educativos y el papel de éstos en la formación de los muchachos y muchachas, su capacidad para trabajar con adolescentes, y el manejo de sus conflictos personales y su perfil psicológico en el entorno escolar. Algunos aseguran que los profesores y las profesoras ni siquiera saben cómo dirigirse a las personas menores de edad. También, el papel de los orientadores, y en general, de los equipos interdisciplinarios en el quehacer institucional, y el alcance de sus intervenciones así como la efectividad de su trabajo, que ciertamente, parece no tener un reflejo real dentro de las comunidades estudiantiles, ya sea por que éstas intervenciones son de un alcance limitado o porque simplemente, son muchas las necesidades y poco el recurso humano para hacerle frente. Sin embargo, en principio, la labor de los equipos interdisciplinarios es algo que debería evaluarse y replantearse, pues como profesionales, no llenan las expectativas de trabajo en los centros educativos. Así, padres, profesores y estado han entrado en un juego de pasarse esta “papa caliente”, sin que a las claras se vislumbre una solución o un intento serio de intervención en procura de una incidencia real sobre el problema que se plantea y que se presenta en todos los niveles: entre estudiantes, en las relaciones estudiantes-docentes-estudiante, estado-estudiantes, etc. Ciertamente, es un asunto de valores, pero, como entes socializadores, familia, escuela, estado e iglesia, reflejan los valores predominates en toda sociedad, y esos valores son precisamente los que se promueven para hacer sociales y sociables a las personas.
Desde el gobierno, el abordaje que se ha realizado, ha sido policial, aunque no sea un problema o un tema policial, pues intrínsecamente la policía es violenta por su labor y naturaleza, se le ha tomado como tal, como un problema policial; y tanto a nivel de vigilancia como de estrategias de prevención, la policía ha tomado la batuta en torno a este tema, según destacan algunos medios noticiosos, presentando oficiales en las instituciones, uniformados y demás, brindando temas a modo de talleres, respecto a la violencia, su identificación y su prevención.
Lo cierto del caso es que las autoridades gubernamentales e incluso muchas ong´s, se niegan visualizar el problema en su verdadera dimensión, más allá de focalizarlo y pretender aislarlo en una institución, o grupo, se niega a asumirlo como una situación que está fuera de su alcance en tanto concepto de sociedad. Esto es, la violencia, tal y como se vive en la actualidad, es el reflejo de un estado de cosas que representan una característica estructural, estructurada y estructuralizante del medio en que vivimos y del nivel y grado de desarrollo o subdesarrollo (en general de evolución) de la sociedad costarricense. Decimos evolución, entendiendo como tal el desenvolvimiento procesal de todas las estructuras sociales. Es decir, el desarrollo histórico de las interrelaciones sociales (económicas, políticas, institucionales e idelógicas) que han conformado al “ser costarricense”, y que plantean en el aquí y el ahora un estado de cosas, un status quo. Es imposible para el gobierno cuestionarse a sí mismo al punto de entender que se requiere un cambio estructural profundo, dirigido a incidir en la forma de relacionarse no sólo de las personas entre sí, sino también de las instituciones con las personas y de las instituciones sociales entre sí. Por supuesto, esto implicaría una forma muy novedosa de sociedad, en la que prevalezca la solidaridad sobre la competencia, en que la distribución de los ingresos sea más equitativa, en la que los valores y normas no busquen el favorecimiento de algunos grupos y marginen a otros, es decir, una sociedad más inclusiva, tolerante y con un nivel mayor de bienestar para los ciudadanos.
Pero bueno, en general a nuestros políticos les hace falta mucha imaginación, o simplemente, es mucho más cómodo pensar las cosas, los problemas, desde la estructura que históricamente han desarrollado, y culpabilizar a uno u otro sector en particular, sin que en el fondo las cosas cambien. Conmovido, como católico por la presencia peregrina de la presidenta Chinchilla en las actividades conmemorativas en torno a la Patrona de Costa Rica, me parece que es la hora de poner en práctica el viejo adagio que nos refieren los abuelos en cuanto a Dios rogando y con el mazo dando, antes de que presenciemos en nuestra generación, la degeneración de la sociedad en la dirección que las fantasías futuristas orwellianas, kubrikianas o huxlianas nos insinúan. La ultraviolencia está tocando con fuerza las puertas de nuestra sociedad, ha tocado y ha hecho mella en ella. Pero las cosas discurren a nivel político y económico, como sí nada sucediera.
Hay temas que requieren más que nada un poco de sentido común. Asimismo, hay temas que requieren dejar de lado actitudes idiosincráticas tan arraigadas como aquella que nos marcó desde la independencia, y que está sintetizada en el famoso "hasta que se aclaren los nublados del días". Uno de esos temas es el asunto del agua, y el respectivo aseguramiento del acceso generalizado e indiscriminado al recurso hídrico por parte de toda la población, y en todos los lugares del territorio nacional. El panorama en la Asamblea Legislativa es bastante patético en torno a este tema. Desde hace muchos años se viene discutiendo este asunto en el plenario. La Asamblea Legislativa se ha mostrado inoperante e incapaz de abordar el asunto con seriedada. Sin embargo, a la cuestión no hay que darle muchas vueltas. O al menos no tantas y de forma tan grandilocuente como lo hacen los sonrientes y pintorescos diputados. Es más, es tan simple que en verdad cualquier ciudadano se pondría a pensar en ¿Cómo es posible que la sociedad delegue su soberanía en 57 personas incapaces de ponerse de acuerdo en un tema tan básico como el agua? ¿Es tan difícil encontrar un mecanismo que asegure la propiedad integral del recurso hídrico en favor de la sociedad costarricense? En favor de las personas que los eligieron para ocupar el puesto que ocupan, y a los que juraron servir. Por una parte, la alianza entre el Movimiento Libertario y el Partido Liberación Nacional, que cuestionan el tema de las concesiones. Lo curioso de esta "alizanza" parlamentaria es que durante la campaña los libertarios llamaron a Liberación Nacional el Partido más corrupto de la historia de Costa Rica. Ergo, no hay que ser muy listo para entenderlo, si me uno a ellos, me torno tan corrupto como ellos, es más, lo soy en mayor medida pues estoy consciente de su corrupción, de la cual me apropio y la cual alcahueteo. ¿Qué opinarán los electores libertarios que meditan sobre el asunto? Sin embargo, los libertarios, Otto Guevara a la cabeza, se ufanan del hecho de haber logrado llamar la atención sobre el asunto del agua.

Hace algunos años, las fantasías de ultraviolencia parecían tan lejanas, tan de película solamente, sin embargo obras tales como la Naranja Mecánica, resultan hoy por hoy proféticas. En el fondo, el asunto de las culpas parece estar muy claro, más claro que el agua. Sin embargo, las soluciones no se escuchan. Basta de migajas, basta de miquetas. Pues más que una advertencia, estos hechos son ya una realidad en la que participan no sólo adolescentes, sino niños y adultos y que se convierte en un estilo de vida para alcanzar los bienes materiales que nuestras sociedades consideran ideales para vivir. Muchas gracias señores políticos. He ahí a sus hijos, padres y madres de la patria.